Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

– Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es- respondió.

– No sé si sabes, querida – dijo el lobo -, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.

Respondió Caperucita:
– Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial – en tu caso propia y globalmente válida – que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.

James Finn Garner. Caperucita Roja
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~ por lopandpe en febrero 12, 2009.

Una respuesta to “”

  1. Qué raro que aun no haya aparecido por aquí la sgae…

    Poco tardarán.

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