Lugar agreste cuanto menos, la frontera de aquel espacio sagrado se antojaba gruesa e impenetrable.

¿Quién osaría retar al destino para siquiera rozar el ansiado terreno?

Ni escaleras ni mástiles, ni tanques ni ametralladoras, ni manifestaciones ni leyes, ni tenazas ni dientes. Tan solo la pequeña lombriz haciendo un hondo agujero en la tierra pudo averiguar que el muro era tan profundo o más hacia el subsuelo de lo que hacia arriba se vislumbraba…

Muchos eran quienes querían entrar, incluso aquellos que rozaban la perfección se contentaban con abrazarse a los frios muros de cemento pulido el cual de por sí ya presentaba una figura atrayente que permitía entrever la belleza de lo que debía encontrarse al otro lado.

No fue fácil para ellos palpar la gorda pared. Muchos quedaron por el camino , ya que el terreno duro y vacío hasta la meta era como un desierto con un final cercano pero a la vez difícil, posible y a la vez imposible.

Y allí se acercó aquel. No destacaba, nadie se fijó en él hasta que se aproximó al micrófono de frío gris metalizado.

-Soy yo-

Y entró.

Anónimo. La frontera de tu piel
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~ por lopandpe en abril 22, 2009.

Una respuesta to “”

  1. Este texto lo escribí yo, en un arrebato pasionil.

    A ver quien lo entiende… Lo importante es el título.

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