Hoy he visto la poesía en Madrid, brillando tintineante a los pies de uno de esos bancos de madera mal recortada y hierro oxidado grafiteados por juventudes palpitantes de emociones insípidas. Era del color azul del cielo en un mediodía de sol primaveral sin una nube en el horizonte y en mirada vertical a las estrellas. Era también amarillo como el sol cuando se refleja en su mirada, y naranja como me deja el corazón a su paso.
Era la poesía convertida en fuego, en palabras que desaparecían devoradas a mordiscos intermitentes, contínuos y armónicos. Poesía transformada en los crujidos letales de las páginas marchitándose en un otoño fugaz manchado de tinta asesina. Un poema que elevaba el vuelo con el grito del humo negro que resbalando en el viento buscaba redimirse con las almas dannificadas por su no existencia. Era la poesía de la simbólica venganza. La poesía del no moriréis por mí, pero morís conmigo.

Anómino

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~ por lopandpe en octubre 18, 2009.

Una respuesta to “”

  1. A veces, también escribo.

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