-¡Venga, ya te lo tienes que saber! Voy a preguntártelo.
-¡Espera un poco más!
Nos importan un bledo los Estados Generales. Lo que está bien es quedarse con la imagen, soñando vagamente con el ambiente de aquella época.
¿Por qué hay que cocer los nabos? ¿Por qué hay que aprenderse las revoluciones? Cogemos un diente de ajo. La piel seca, rosada y blanca, cae encima del libro, ligera. No sabemos qué hora será. En casa se produce un apacible murmullo, las típicas frases sobre la jornada:
-¿Has visto…?
En realidad no escuchamos lo que nuestros padres dicen. En realidad no estudiamos las lecciones. Nos sentimos como si flotáramos, como si ya no existiéramos, como si nos hubiéramos convertido en hule, en la verdura de la sopa, en el libro de historia: como si nos hubiéramos convertido en una tarde de invierno en casa.(…)

Philippe Delerm. Está bien.
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~ por lopandpe en mayo 13, 2009.

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